Agosto 3rd, 2008
Textos
Eran los últimos minutos de aquello. La ultima vez que pasas delante de ese supermercado, la parada cruzando el puente o la espera de la linea de turno. Todas las veces que corrías entre el monte o rodeabas el lago, mientras los viejos de turno beben cerveza y la gente en bicicleta intenta tener cuidado de no pillarte, ya que como la música suena tan alta, nunca oyes el sonido del timbre. Vuelves a levantar la cabeza y mirar a las montañas, sabes que tu zona no tiene eso. Pero claro eso es tu zona ahora. Habías cogido tu vida, le habías hecho un nudo a la bolsa y la habías apartado; como un zapato viejo. Sabes que esos zapatos tendrás que usarlos y ahora llegaba el momento de coger los que llevas puestos, tirarlos y volver a los antiguos. Vuelves a sacar tu vida de la bolsa. Piensas que eres el mismo, pero sabes que eso nunca puede ser cierto. Los limites del bien y el mal sobrepasan tu cabeza y el efecto mariposa de tus actos hacen que todo sea mas plausible. Irónicamente hablando, ¿o no?. Tu edificio, un gran bloque gris que un día alguien llamó “gran trozo comunista”, seguirá ahí; y aunque no lo vas a echar de menos, echaras lo que te hizo llevar dentro. La vida es corta para anhelar todo lo que nos gustaba, siempre has pensado así y esto no va a cambiar.
Bajas del autobús, rodeas la pérgola y vuelves a andar por la misma avenida principal por la que has pasado muchas veces, incontables, aunque esta vez es para despedirte, no para ir a trabajar. Allí sigue el hombre del piano, la ínfima orquesta o el duo americano que toca folk en plena calle por dinero; cada uno en un sitio distinto hoy, sin querer molestarse, tienen que ganarse el jornal y en esta ciudad hay gente para todos.
El puerto sigue igual, casi exactamente como las fotos antiguas que habías visto antes de conocerlo en persona. Solo has llegado a decir adiós. No estas enamorado del sitio, no es que quisieras convertir el adiós en un concepto más puramente emotivo, ñoño y sobrepasar lo trascendental hasta rozar lo ridículo. Esto no es una telenovela o un drama romántico. Simplemente tenias que hacerlo. Respiras, piensas y dices- “mi vida tiene que ser en un sitio con mar, de eso estoy seguro”.
Numira. Fragmento





